Foto archivo de Levante-EMV

ESTO TAMBIÉN PASARÀ (19 DE MARZO DE 2020)

Hoy es el día del padre y de San José.

En un mundo paralelo, hoy habría llegado a Valencia desde un pueblecito de Teruel, donde habría ido a pasar unos tranquilos y agradables días con mis amigos, después de estar el fin de semana en Barcelona, celebrando mi cumpleaños en un festival de blues y paseando por las mañanas por la playa entre el salitre y la brisa del mar.

Luego habríamos ido a ver a mi padre a la residencia, lo habríamos abrazado y él se habría emocionado. Lo mismo incluso habríamos cantado alguna canción juntos y se habría quedado feliz en la puerta del comedor con el periódico colgado en su silla, con la ilusión de leerlo por la tarde, aunque no entienda ninguna noticia.

Más tarde habría descansado un poco en el sofá, escuchando el ajetreo de la calle y los estallidos de los últimos petardos de las fiestas. Me habría levantado y, con la maleta por deshacer, me habría arreglado para cenar con mi madre, mi hermana y mis sobrinas. Quizás de camino, me habría encontrado a alguien conocido y nos habríamos saludado con unos besos o abrazos, según la emoción del reencuentro con esa persona.

Antes de la cena habríamos bajado a ver la cremà de la falla infantil y después habríamos visto desde casa como ardía nuestra falla y la de Na Jordana. Habríamos esperado también a que quemaran la falla de la Plaza del Ayuntamiento y lo habríamos visto por la tele, con esas imágenes mezcladas de las llamas y los ojos llorosos de la fallera mayor que lamenta el fin de estos días tan especiales para ella.

Cuando solo hubieran quedado unas cuantas cenizas, me habría vuelto a casa caminando y pensando en mis planes para el fin de semana: algún paseo junto al mar con mis amigos, bailes en la Plaza del Collado, incluso la preparación de mis clases de italiano para la semana que viene.

En el mundo real, hoy me he levantado tranquila en el silencio, pues, al ser un día festivo, se paran las obras de la finca de enfrente de mi casa, así que me ahorrado escuchar sus ruidos infernales.

Poco después, he empezado a inquietarme y a sentir tristeza y dolor al leer las desastrosas noticias que llegan desde Italia. A pesar de esto, he decidido hacer la práctica de yoga que Carmela, mi tutora de la formación, nos envió ayer. Mientras la hacía, he sentido una profunda calma al escuchar su voz y me he imaginado que estábamos todos juntos en clase con ella. He recordado mis días de formación de yoga con mis queridos compañeros y he sentido nostalgia y felicidad, pero, sobre todo, me he sentido muy acompañada.

Al acabar me he sentido muy relajada y llena de energía. He levantado la persiana del comedor con entusiasmo y enseguida he oído unas voces de niños que me llamaban desde la terraza del primer piso. He abierto la ventana y he charlado un poco con mis vecinos.

Antes de comer he estado fregando la casa con las ventanas abiertas, mientras se oía a lo lejos la canción “Libre” de Nino Bravo. He recordado que esta mañana, antes de practicar yoga, he discutido con una amiga sobre la impotencia de no poder salir de casa, y yo le he dicho muy convencida que uno puede estar encerrado y sentirse libre a la vez. Una convicción que a veces me viene y otras se esfuma. 

Para comer me he preparado un abundante arroz cubano y he decidido que me saltaría la cena, aunque reconozco que he estado picoteando cosas delante de la pantalla del ordenador.

Después de comer he hablado un rato con mis sobrinas, pues mi hermana me ha dicho que estaban decaídas y he intentado animarlas. Ella hoy trabajaba en la residencia, así que ha podido ver a mi padre de lejos, lo ha felicitado y él se ha alegrado mucho. 

Por la tarde he tenido una videollamada con mis amigos y me he arreglado un poco antes de hablar con ellos. Me ha encantado verlos y estar un rato bromeando, cercanos en la distancia. Incluso nos hemos servido unas copas y hemos brindado juntos. Les he asegurado que prepararé hielo para el próximo encuentro, porque el whisky solo y calentorro no me resulta muy apetecible. 

A medianoche, a la hora de la cremà, había programado un encuentro con los vecinos para cantar el himno de Valencia, pero ninguno se ha asomado, ni siquiera han abierto las ventanas. Pero en una finca a lo lejos unas cuantas personas desconocidas lo han puesto a todo volumen y lo han cantado todas juntas. Aunque no podía verlas, me saludaban con las linternas de sus móviles y yo he hecho lo mismo.

Ahora acabo de ver otro capítulo de Peaky Blinders, que me ha gustado por la belleza de una escena en la se que representa El lago de los cisnes y… bueno, no acaba muy bien, pero ha sido intensa y emocionante.  

Ya va siendo hora de ir a la cama y en estos momentos quiero llevarme conmigo las palabras de Carlos Fiel, mi maestro de yoga: "Es importante no dejarse llevar por el miedo y aceptar esta situación por la que estamos pasando. De todas maneras, hemos de pasar por ella, así que lo mejor es hacerlo de la mejor de las maneras, con una actitud de calma y esperanza".

Buenas noches.  

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