ESCRIBIR PARA VIAJAR DE LAS SOMBRAS A LA LUZ
A
veces necesitamos salir a flote, alejarnos de la oscuridad y para ello, escribir
nos puede ayudar, porque nos puede llevar hacia la luz.
Una
alumna de italiano ha querido compartir sus experiencias profundas y
transformadoras con la escritura. Estas son sus palabras:
“Desde
pequeña me ha gustado mucho leer. Cuando era adolescente me apunté a la
biblioteca de mi pueblo, y era mi principal afición, era el refugio perfecto
donde nadie me molestaba, donde yo me montaba mis películas, mis sueños. Alguna
poesía me salía, todo muy adolescente, de primera juventud.
En
1981 me presenté a una oposición en el Ayuntamiento. Ahí conocí a una persona
que me afectó mucho. Tuvimos relación unos cuantos meses. Aquello me dejó
huella. Pasado el primer impacto de la ruptura empecé a rebobinar y de ahí
salió una novela corta que presenté a un concurso literario en el que fue
premiada.
Luego
pasaron muchos años en los que perdí el hábito de la lectura: aprobé la
oposición al Ayuntamiento y me fui de mi casa, conocí al que luego sería el
padre de mis hijos y nos fuimos a vivir con otra pareja a un chalé. Todo era
muy transgresor y vital. Para mí eran unas experiencias increíbles,
inolvidables, maravillosas, pero en realidad yo no estaba preparada para dar
aquel gran salto. Respecto a mis padres todo fue muy traumático, yo necesitaba
tener a mi madre de mi lado, pero eso era pedirle demasiado. Encima terminaba
de salir de una hepatitis y evidentemente recaí. El caso es que no me podía
concentrar ni en leer ni escribir.
Al
final nos casamos y tuvimos dos hijos.
Hace
ya once años murió mi marido de cáncer y en el mismo año murió mi madre; ambas
muertes fueron muy dolorosas y supusieron un gran trauma para mí. Entonces
empecé de nuevo a escribir; a llorar y a escribir; a escribir y a seguir
llorando. Lloré todos mis errores que comprendí demasiado tarde.
Así
que escribir significa exorcizar mis sentimientos, la gran necesidad de
comprender mi vida, de tirar del hilo e intentar explicarme por qué no hice
tales cosas de tal o cual manera”.
¿Y cómo empezó todo?
Veamos ahora un bonito relato suyo en el que cuenta cómo inició su pasión por la escritura.
AQUELLA
MAESTRA
Sólo se trataba de reunir
palabras.
“Imaginaos que tenéis las
piezas de un rompecabezas”. Solo teníamos que reflexionar y colocarlas en la mejor
posición, así nos saldrían las frases, pero debían de ser las frases justas,
las frases debían de expresar exactamente lo que queríamos decir.
Un cuento es un puzle, lo que
en otros tiempos llamábamos “rompecabezas”; pero justamente era lo contrario de
romper: se trataba de buscar los trozos que estaban dispersos en nuestra cabeza
y de unirlos, así o asá, esta palabra no, mejor esta otra, y al final
tendríamos ese cuento, más o menos increíble, bonito, sencillo, pero nuestra
creación al fin y al cabo…
Aquélla era la maestra. Una
mujer menuda pero fuerte, alegre, dicharachera, pero seria a la vez. Aquella
mujer se esforzaba, se empeñaba en hacernos PENSAR y nos invitaba a que
entráramos en el juego. “Vamos, pensad una historia” nos decía, y ahora encontrad
sus piezas, sus trozos que encajen, sus palabras. Entrábamos en clase y
empezaba el juego, que era interminable, constaba de palabras y números, ya
fuera Historia, Lengua, Geografía o Matemáticas…
Aquella maestra se convirtió
en uno de los pilares más importantes de nuestras pequeñas vidas. Nos enseñó a
querer pensar. ¿Qué más se puede pedir?, me pregunto al cabo de los años. Sin
saberlo me enamoré de aquella maestra.
Pasó el tiempo, yo salí de la
escuela.
Un buen día aquella maestra se
jubiló. Un buen día yo tuve hijos y seguí con ellos haciendo puzles, y de vez
en cuando aún junto algunas palabras a ver si forman alguna historia.




Comentarios
Publicar un comentario