ESCRIBIR
EN OTROS IDIOMAS
¿Se puede aprender un nuevo
idioma sin dedicarle tiempo a la escritura? ¿Cuándo fue la última vez que
escribisteis un texto en vuestra lengua materna?
Hace varias décadas casi todo
el mundo escribía cartas, postales, felicitaciones... Más tarde llegaron los
correos electrónicos. De una manera u otra, escribíamos textos en los que hablábamos
de nuestras cosas e intentábamos hacerlo de una manera más o menos clara y
estructurada.
Hoy en día han aumentado las
formas y la velocidad con las que podemos comunicarnos con otras personas, y
esto hace que predominen los mensajes vocales, los emoticonos o textos escritos
que redactan casi automáticamente nuestros móviles u ordenadores.
La realidad es que cada vez
escribimos menos, excepto las personas que lo hacen por su trabajo, sus
estudios o simplemente porque les gusta hacerlo.
¿Cuándo fue la última vez que
escribisteis un texto al que dedicasteis algo de tiempo para pensarlo,
elaborarlo, releerlo y comprobar si habíais usado las palabras adecuadas para
transmitir lo que realmente querías decir?
¿Y qué pasa cuando queremos
aprender un nuevo idioma y ni siquiera escribimos nada en el nuestro?
Aunque no nos demos cuenta,
escribir menos significa que nos cuesta mucho más expresar sobre papel u otras
superficies nuestros pensamientos y emociones, así que eso no nos ayuda
para nada cuando tenemos que hacerlo en idiomas que no conocemos ni usamos con
la misma naturalidad y seguridad que nuestra lengua materna.
Como profesora de italiano,
llevo algunos años notando que van aumentado las dificultades para escribir de
los alumnos que sienten que tienen que hacer un gran esfuerzo para redactar un
texto en un idioma que están aprendiendo, especialmente si el tema no les
gusta, tienen un tiempo limitado, saben que lo que escriban va a ser evaluado y,
además, no suelen usar la lengua escrita en sus propios idiomas.
¿Y qué podemos hacer para empezar
a considerar la escritura como una actividad necesaria y agradable?
Como docentes podemos motivar
a nuestros alumnos y alumnas con propuestas creativas que no vayan a ser
evaluadas y para ello podemos usar la música como fuente de inspiración para hacer
volar su fantasía. Por ejemplo, pueden escuchar piezas instrumentales mientras
imaginan que sueñan, que ven algo desde una ventana, que están en un lugar
especial o incluso para que inventen los títulos y los argumentos de sus
propias películas a través de bandas sonoras. Luego, tras dejarles un tiempo para
redactar sus textos, los estudiantes podrán compartirlos con sus compañeros y
compañeras leyéndolos en voz alta.
Pero la escritura no debería
acabar en clase. Es importante crear hábitos para seguir escribiendo en casa. Para
empezar, podemos buscar un pequeño cuaderno y encontrar lugares y momentos para
dedicar a esta actividad. Primero sería muy útil escribir todos los días frases
o textos cortos en nuestra lengua materna como reflexiones, recuerdos, sueños,
proyectos o cualquier otra cosa que nos apetezca. De vez en cuando podemos
releerlos y algunos de ellos reelaborarlos para reflexionar sobre lo escrito y
buscar maneras con las que podamos mejorar los textos ─estructurándolos y simplificándolos, dándoles claridad, y también buscando palabras y expresiones que los embellezcan─.
Después de un cierto tiempo jugando
y experimentando con nuestra lengua, podemos abandonarla una temporada y
embarcarnos en la aventura de escribir en otro idioma de la misma manera que
hemos hecho anteriormente, pero añadiéndole la ilusión y la confianza de que, con
una práctica constante, escribir se convierta en una actividad gratificante que
acompañe nuestras vidas.
¿Ya tenéis vuestros cuadernos?
¿Ya sabéis sobre lo que vais a escribir?



Comentarios
Publicar un comentario