¿No creéis que pasamos demasiadas horas sentados? Escribir debería ser una actividad agradable. ¿Pero podemos disfrutar de algo cuando nos duele todo el cuerpo?
Escribir es una actividad que
realizamos sentados y, como hacer algo cotidiano nos parece sencillo,
desgraciadamente, nunca tomamos conciencia de ello.
Deberíamos sentarnos de manera
cómoda y natural, pero, en realidad, nadie nos ha enseñado a hacerlo. Como
mucho, nos dijeron que teníamos sentarnos rectos y por eso, a menudo, nos
debatimos entre estar estirados y rígidos o abandonarnos sobre nuestras sillas.
Cualquiera de las dos opciones es muy perjudicial, porque de una manera
generamos infinidad de tensiones en nuestro cuerpo y de la otra, comprimimos
nuestra espalda aplastando las vértebras.
¿Y qué podemos hacer?
Cuando se piensa en una
posible solución, se suelen buscar sillas ergonómicas que nos sujeten, porque
creemos que nosotros no somos capaces de hacerlo. Sin embargo, sí que podemos,
por ello es muy importante aprender a buscar posturas cómodas y saludables en
esas sillas en las que pasamos tanto tiempo.
Mi primer consejo sería
pasearse antes y después de estar un rato sentados, incluso hacer pequeñas
pausas para levantarse y caminar, pero sobre todo deberíamos olvidar la idea de
que tenemos que estar inmóviles en nuestras sillas, ya que esto solo nos
causará tensiones y cansancio que poco a poco nos irán derrumbando sobre
nuestros asientos. Por lo tanto, es esencial realizar de vez en cuando micro
movimientos que alivien nuestro cuerpo y despejen nuestra mente como llevar la
vista hacia otro lugar, mover suavemente la boca y la cabeza, rotar los hombros
y las manos, hacer círculos con el tronco y estirar alternativamente las
piernas.
¿Y cómo podemos encontrar una
postura erguida, pero agradable y sin tensiones?
Gracias a la Técnica Alexander
y al Yoga Terapéutico, he aprendido a sentarme con conciencia y sin esfuerzo,
permitiendo que la espalda se mantenga estirada y relajada. Es algo tan
saludable que os aconsejo que empecéis a practicarlo y experimentarlo.
Los pies:
Primero, es esencial tener los
pies apoyados en el suelo y no dejarnos caer sobre el respaldo de la silla. Si
colocamos algún tipo de cojín detrás de la espalda, éste debería servir para
indicarnos la dirección hacia arriba y no para hundirnos sobre él.
Los isquiones:
Existen unos huesos en la base
de la pelvis que se llaman isquiones y sobre los que deberíamos sentarnos. De
hecho, su nombre en inglés sitting bones indica claramente cuál es su
función. Si colocamos las manos debajo de nuestros glúteos y nos balanceamos
hacia delante y hacia atrás, podremos notarlos. Cuando sintamos presión sobre
nuestras manos, podemos sacarlas, porque significará que hemos colocado el peso
de nuestro cuerpo en el lugar adecuado y ya no necesitaremos hacer ningún
esfuerzo para mantenernos sentados.
Los brazos:
No debemos olvidarnos de
nuestros brazos. Imaginar que nuestros hombros y codos pesan nos ayudará a liberar
las tensiones en estas zonas.
La cabeza:
La última parte, y quizás la
más importante, será la posición de nuestra cabeza, ya que, si no está en
equilibrio, su peso nos tensará todos los músculos del cuello y nos puede dañar
seriamente las cervicales.
En estos tiempos en los que
nos pasamos muchas horas mirando el móvil con la cabeza caída hacia abajo,
resulta urgente recordar que la mirada al frente recoloca la cabeza en su lugar
y que deberíamos situar todos los objetos que observan nuestros ojos a la
altura suficiente para que la mirada se mantenga lo más horizontal posible.
Además, es muy conveniente al
final del día tumbarse un rato boca arriba en el suelo sobre una esterilla con
las piernas flexionadas y apoyadas sobre una silla. Así podréis soltar todas
las tensiones que se hayan acumulado, vuestra espalda os lo agradecerá y
dormiréis mucho mejor.
¿Ya os habéis animado a hacer lo necesario para sentiros bien en vuestras sillas?
¿Ya habéis encontrado esa
postura cómoda en la que podáis disfrutar del placer de escribir?




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