ENTREVISTA A GIOVANNA VIVIAN

“Quería ser marinero pero fui, y soy, escritor.

No penséis que son dos oficios tan diferentes.

Cuando uno navega y viaja, lee el mar y los lugares que descubre.

Cuando escribe, se desplaza por las palabras como un barco en las olas.

La pluma sigue una línea que, como la ruta de una embarcación, llega al final de una historia, alcanzando un destino”.

(Vivian, G. (2018).  “Mirando al mar”. Reescribiendo a Blasco IbáñezGeneración Bibliocafé).

 

Conocí a Giovanna Vivian en el año 2002 cuando empecé a preparar mis oposiciones de profesora de italiano para la Escuela Oficial de Idiomas. Durante varios años me dio unas clases fabulosas en las que me transmitió su amor por la lengua, la cultura y la gastronomía de su país. Desde entonces hemos compartido aficiones como los idiomas, viajar, bailar, leer y escribir, así que nos hemos hecho buenas amigas. Como, además, conozco su pasión por la lectura y la escritura, creo que su entrevista es la mejor manera de inaugurar esta sección del blog.  


Giovanna Vivian nace en Bolonia (Italia) en 1965. Gracias al trabajo de su padre, su familia cambia a menudo su ciudad de residencia, y esta es una de las razones por las que a Giovanna le encanta viajar por Europa y descubrir su historia.

Se licencia en Lenguas y Literaturas Extranjeras con especialidad en francés y en el año 2001, tras vivir en diferentes ciudades italianas y pasar largas temporadas en París y en Inglaterra para mejorar su conocimiento de idiomas, viene a vivir a Valencia, donde pasa dieciocho años. En el 2019 decide emprender una nueva aventura y se marcha a vivir a Ámsterdam, donde permanece cinco años, y ahora está a punto de regresar a Valencia para quedarse, pues considera que esta ciudad se ha convertido en su hogar.

Su pasión por la lectura no es muy temprana ─ya que no recuerda que sus padres le leyeran ninguna historia─, pero se despierta, cuando se muda a París con diecinueve años y se matricula en la Sorbona a cursos de Literatura e Historia del Arte. Como París es una ciudad llena de librerías fabulosas, empieza a comprar y a leer libros de segunda mano y desde ese momento se convierte en una gran lectora. De hecho, cada vez que se muda a una nueva casa, la mayoría de sus cajas están llenas de libros, como en estos momentos en que se está trasladando a Valencia.  

En cambio, empieza a escribir en la escuela primaria y cada tarde al llegar a casa se pone a hacerlo. Así siente que la escuela no se acaba y se funde con su vida. Como le gusta mucho aprender, se convierte en profesora de idiomas, ya que enseñando puede también aprender muchas cosas.

En el 2010, gracias a un festival para niños y niñas organizado en varios locales de su barrio de Valencia Ruzafa Loves Kids, debuta como cuentacuentos, narrando  historias de otros autores en el restaurante Pastapalabra, que en ese momento regenta con su pareja. El verano siguiente, mientras está en los Dolomitas (sus queridas montañas italianas), piensa que ella misma podría narrar sus propias historias, así que se compra un cuaderno, un lápiz y una goma y escribe su primer cuento. A partir de ahí la creatividad surge y fluye de manera tan natural que escribe muchos cuentos para niños y niñas en español e italiano, y empieza también a participar en cuentacuentos, festivales y la Feria del Libro. Estas actividades con niños y niñas las continua años después en Ámsterdam en una Casa de Cultura y en una Asociación Italiana, con cursos de lectura y creación de cuentos para niños y niñas italianos e italianas que viven allí y quieren mantener el contacto con su lengua y su cultura.

Al mismo tiempo, desde hace años escribe relatos para el público adulto y colabora con un grupo literario de Valencia llamado Generación Bibliocafé.

Ahora, en cuanto llegue a Valencia sabe que seguirá leyendo, escribiendo e impartiendo clases de idiomas.


 ¿Qué te impulsó a escribir en general y tus libros en particular?

La verdad es que creo que no hay una respuesta. Casualmente el otro día estuve un par de horas leyendo en un bar, que es uno de mis lugares favoritos aquí en Ámsterdam, donde voy a leer y escribir, y encontré en un texto de Marguerite Duras, que se titula Emily L., su respuesta exactamente a la misma pregunta, en la que dice que uno empieza a hacerlo y ya está, simplemente eso; nadie sabe por qué, uno empieza y luego lo que escribe existe. Según ella, ser escritor y escritora significa no saberlo, en el sentido de que es algo que tienes dentro. Yo creo que a lo mejor es más difícil entenderlo cuando se habla de escritura, porque es algo que se queda en un libro, pero se queda menos, comparado por ejemplo con una escultura, un cuadro o una canción. Pero es lo mismo, porque no forzosamente tienes que saber por qué lo haces, simplemente porque te apetece, porque te gusta, porque lo tienes dentro, porque es “tu vocación”.

Recuerdo cuando tenía seis años y empecé a escribir. Volví un día a casa y tenía que escribir una pequeña redacción. Me acuerdo de que esa fue mi primera redacción y tenía nueve páginas. Yo estaba muy contenta. Me encantaba. Me compraron un pequeño escritorio ─un pupitre con una sillita incluida─, y ahí pasaba una o dos horas escribiendo cuando volvía de la escuela. Luego, en realidad, no he estado escribiendo toda mi vida, todo el tiempo, pero me gustaba la idea y me surgía sin pensarlo demasiado. Me surgía del alma.


¿Prefieres escribir para niños y niñas o para personas adultas?

Me gustaría mencionar a otra escritora (en este caso italiana) que se llama Laura Imai Messina, es profesora de la Universidad de Tokio y escribe sobre el Japón en italiano. Ella dice que no hay que escribir para publicar, porque en el momento en que tú escribes para publicar ─y yo añadiría: “que tú escribes para un niño, para una niña, para una cierta persona”─, hay como un corte, es como si se acabara la escritura.

Yo escribo, pero que luego los lectores sean niños, niñas o personas adultas es el resultado, no mi intención. Me gusta escribir cosas ingenuas, pero al mismo tiempo llenas de significado y esto va muy bien con los niños y las niñas. Yo creo que uno escribe también en base a las circunstancias en las cuales se encuentra, por eso lo que escribo está condicionado por el hecho de pasar mucho tiempo en contacto con niños y niñas por mi trabajo o también porque me encantan y que considero que tienen un gran potencial, especialmente humano, que luego se evapora, no sé cómo, y muchos se transforman en personas adultas que ya no tienen los mismos valores. Eso es algo que me entristece mucho.

Mi primer contacto con la escritura de relatos para personas adultas fue en la presentación de mis cuentos infantiles en un encuentro de un grupo de escritores y escritoras valencianos y valencianas que se llama Generación Bibliocafé. Antes del mismo, les comenté que los cuentos que iba a llevar eran infantiles y me dijeron que no pasaba nada. A partir de ese momento, como mis cuentos les encantaron, empecé a escribir y publicar libros con ellos. Por eso nunca pienso a quién va dirigido lo que escribo. Escribo y ya está.


¿Qué importancia tienen los viajes en tus cuentos y relatos?

Considero que toda la vida es un viaje. Es verdad que suelo escribir más cuando estoy de vacaciones porque tengo más tiempo libre. Estas normalmente coinciden con un viaje de vuelta a mi tierra, Italia, o a algún país europeo donde tengo amigos y amigas o que quiero visitar. En estos lugares nuevos me encuentro a veces con cosas que me sorprenden, sobre todo en la naturaleza. De hecho, prefiero escribir cuando estoy en un ambiente natural que en uno ciudadano. Pero para mí no hay una estricta relación entre el viaje y la escritura. En realidad, es el viaje de la vida, con todas sus etapas y todos sus encuentros, el que te lleva a descubrir cosas fantásticas que luego te apetece transformar en historias como la de un árbol que se puede convertir en cohete o un pulpo que se aburre y se hace escritor, porque con sus ocho patas puede escribir ocho libros a la vez.


Como profesora y escritora en varios idiomas, ¿qué les aconsejarías a las personas que desean escribir en lenguas diferentes a las suyas?

Todo viene del instinto. Todo fluye. Creo que si a una persona que ya tiene un cierto conocimiento y se siente cómoda en un idioma, le apetece escribir, ¿por qué no hacerlo? Yo no tengo ningún consejo. Lo que yo hago cuando escribo en una lengua como el castellano, de la que tengo buenos conocimientos, pero en la que me surgen dudas, es buscar palabras en el diccionario. En el caso del italiano, que es mi lengua materna, a veces también consulto el diccionario, pero para buscar sinónimos que en algún momento determinado no se me ocurren.

En realidad, lo importante es tener la motivación interior de tener ganas de hacerlo y, por supuesto, nadie se pone a escribir en un idioma que no sea el suyo, si no consigue escribir en ese idioma. Hay que tener una base y sobre todo la base fuerte de la motivación, de las ganas de transmitir, del placer y de la felicidad de poder comunicar algo creativo en otro idioma. Eso me encanta, porque cuando tenía seis años me enamoré de los idiomas y pensaba que en el futuro podría hablarlos. Ahora soy feliz porque puedo hablar cuatro idiomas y medio. Este último sería el holandés, que no sé perfectamente, pero con el que me desenvuelvo en situaciones sociales que es lo más importante. Pero, como he dicho antes, no tengo consejos concretos. ¿Te apetece escribir en un nuevo idioma en el que estás viviendo y te hace feliz? Pues hazlo.  


¿Tienes nuevos proyectos relacionados con la escritura?

Más que proyectos tengo ideas que voy apuntando en mis libretas y que uso para mis relatos. En realidad, toda la vida es un proyecto y me gusta crear no solo escribiendo, sino también impartiendo clases.


Te deseo, querida Giovanna, muchísima suerte en la escritura de las nuevas páginas de tus libros y de tu vida

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